Me parecía que si los niños pudieran revelar libremente su visión de la sociedad, de la escuela, de la autoridad, del trabajo y del futuro, los problemas más fundamentales y urgentes de su sociedad podrían presentarse de la manera más pura posible...
Manfred Max Neef “La Economía descalza”. Ed. Nordan, 1986
Participar significa en primer lugar, ser parte constituyente de un proyecto común, lo cual implica por otro lado, ser reconocido como sujeto de derecho a participar.
El planteamiento de la inquietud por promover la participación ciudadana juvenil en el desarrollo sustentable como derecho de este actor y como garantía de sustentabilidad, desde una perspectiva que articula el protagonismo juvenil con la responsabilidad social que nos cabe a los adultos, nos permite proponer una manera de transformar las reflexiones al respecto, en acciones e iniciativas concretas.
Esta propuesta responde a una visión del proceso de participación juvenil en la cual se funden las dimensiones del desarrollo juvenil y su expresión en los espacios locales.
En primer lugar, la participación de los/as jóvenes pertenece tanto al ámbito del despliegue de derechos del ser humano a ser protagonista de sus proyectos de vida y desarrollo como, al ámbito de los aprendizajes significativos que todo ser humano aspira a realizar.
Participar significa en primer lugar, ser parte constituyente de un proyecto común, lo cual implica por otro lado, ser reconocido como sujeto de derecho a participar. Esta concepción se olvida muchas veces, al constatar que mucha gente no es considerada como parte de la sociedad y más bien se le otorga un carácter secundario ya sea por sus carencias o por sus diferencias socioculturales y económicas.
Participar significa en segundo lugar, hacerse parte dentro de un proceso personal en el que nos “damos cuenta” de la importancia de participar y queremos ser parte de un proyecto colectivo. Esto comprende por otro lado, el reconocimiento de los otros, de la posibilidad y oportunidad que sea parte, esa persona. Se trata de una apertura social y una actitud de acogida hacia ese sujeto.
En ambos casos, nos encontramos que la participación es una necesidad inherente de cualquier proceso de desarrollo humano.
En la educación social, la formación para la sociabilidad y la inclusión social y, la socialización son propósitos fundamentales a desarrollar. En este sentido, la participación juvenil corresponde a un ámbito de intervención socioeducativo que además, pertenece al conjunto de preocupaciones históricas de la educación social.
Si esta etapa de la vida es una etapa contestataria, rebelde, reivindicativa, ¿cómo podemos conseguir la participación de los jóvenes? Sencillamente por esto mismo, porque los adolescentes tienen ganas de protestar, porque tienen ganas de hacerse presentes, porque quieren exponer su opinión. Esta es su manera de participar.
Los educadores y adultos que tenemos adolescentes a nuestro lado debemos saber crear espacios de comunicación para que puedan expresarse, para que puedan exteriorizar aquello que les hierve dentro.
¿Cómo podemos favorecer su participación? ¿Cómo podemos facilitarla? En primer lugar, hay que tener claro a qué nos referimos cuando hablamos de participación.
Podríamos situar la participación en el mundo de los adolescentes en tres ámbitos diferentes en los que habrá que desarrollar unas fases previas y unas habilidades específicas:
La participación en el espacio personal a través de la información adecuada, la opinión, la toma de decisiones y las actitudes para la acción.
La participación en el grupo de iguales es un paso más en el trayecto, añadiendo la capacidad de relacionarse con igualdad, el sentido del respeto, la tolerancia y la capacidad de negociación.
La participación en la sociedad que nos rodea ; aquí deben desarrollar además su sentido de pertenencia, el compromiso con los demás, tener responsabilidad, una responsabilidad social ante la injusticia, la desigualdad, los abusos de poder, etc. Para comprenderlo necesitamos llegar a tener sentido crítico. (Entendido como el valor necesario para la conducción de la propia vida. Es la expresión madura de la cualidad humana de ser principio de las propias acciones, la actitud de no diluirse en la masa y de cultivar el propio ser personal, único e irrepetible. También el sentido crítico es la expresión madura de la inteligencia y la voluntad libre )
Una vez hemos conseguido opinión hay que pasar a la acción, y si tenemos que actuar conjuntamente, debemos conocer los mecanismos de la organización colectiva para poder implementar nuestra visión del mundo. Si queremos adolescentes que participen socialmente, necesitamos educarlos en el sentido de pertenencia, en el compromiso, en la responsabilidad, en el sentido crítico y en la organización colectiva.
La participación de los jóvenes en el desarrollo social ha sido definida en los siguientes términos:
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Participación en la economía, el empleo y el desarrollo
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Participación política y en la toma de decisiones
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Participación social y en la comunidad
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Participación cultural, a través de las artes, la música, los valores culturales y la expresión cultural
Si somos capaces de conseguir que nuestros adolescentes participen y decidan sobre aquellos aspectos que les afectan en su vida personal, en el talante y en el quehacer de su grupo de iguales y en el compromiso y responsabilidad con su entorno social, les habremos aportado el mejor bagaje para enfrentarse al futuro.